martes, 22 de enero de 2008

Sometimes... el tiempo vuela

De repente no hay nadie en el msn, no hay nada en la televisión y no hay nada que hacer y nada en que pensar. Raro, porque siempre hay “algo” en que pensar.
Entonces decidí comer, típico de verano en la madrugada. Corrección: típico de todos los días del año en la madrugada, exceptuando aquellos de plena depresión facultativa en la que solo utilizo mi boca para protestar en contra de la maldita impresora que se queda sin tinta o superpone las hojas cuando muero de sueño y debo entregar el trabajo al día siguiente, y no forma parte de mi libro mental de normas, la posibilidad de imprimir en un ciber cerca de la facultad. NO.
Abrí la heladera para agarrar un Snickers, y al rato, sin darme cuenta, me había comido cinco. Abrí la heladera nuevamente para agarrar un Activia de frutilla 0% grasa y colesterol, y al cerrarla vi un calendario. Un maldito calendario que nunca tendría que haber visto. Y así fue como me di cuenta que en dos semanas tanto mi amiga como yo nos vamos. Y cuando volvemos, en prácticamente nada, volvemos a la rutina. Creo que nunca se me habían hecho tan cortas unas vacaciones. Siento que fue una semana atrás que rendía mis últimos exámenes agobiada por el calor, deseando no tener nada que hacer. Se pasa muy rápido. Y que rápido pasan los años. Siempre inconcientemente pienso que una vez que vuelvo a la rutina, se acaba el Sega, el dinner dash, la televisión, los paseos por la ciudad, y solo aparece el subte, la facultad y el Word. Pero después pienso… y NO. No es así. Empieza la rutina pero todo sigue, con otros tiempos y otros horarios pero todo sigue. Sigue la computadora, sigue el Sega, siguen las conversaciones telefónicas, sigue la televisión, sigue el “A” a lo Sex and the City, todo sigue igual. Aunque se suman las depresiones facultativas, miedos al futuro y todo lo demás que sabemos que se acerca. Y sí, somos muy predecibles.

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